Señores políticos, ¿dónde ponen ustedes el acento?

Para las personas que como yo llevamos dedicándonos a las artes escénicas en Navarra 35 años, el Teatro Gayarre ha sido algo así como un “foco de recorte” que ilumina la trayectoria de nuestra, primero vocación y luego profesión.

Al principio, nos alimentamos de los contados espectáculos que se traían. El teatro estaba alquilado a la SAIDE y el entrañable tramoyista Zalacaín y familia hacían lo que podían con aquella destartalada infraestructura.

Nos regocijamos con la llegada de Tadeus Kantor en 1991 y su “clase muerta”, lo de la llegada de Tadeus es un decir puesto que había muerto un año antes y no pudimos disfrutar de su impagable presencia en el escenario, vino su mujer y nunca es tarde si la dicha es buena, decíamos.

Soñábamos con subirnos alguna vez a ese escenario como artistas. Mientras tanto nos formábamos en Taller de Actores del T.E.N. creábamos proyectos y reivindicábamos a los cuatro vientos la municipalización del teatro para poder presentar nuestros trabajos en mejores condiciones, para inundar la ciudad de poesia y cultura, ¡divina ingenuidad!.

Pero por fin llego el año 1998 y el Gayarre se recuperó. Crearon una “Fundación” compuesta por políticos y arrancó la gestión. Al principio observamos como el acceso no era fácil y las expectativas que nos habíamos hecho se desvanecían. Sin embargo, algún tiempo después, gracias a la receptividad de Ana Zabalegui, el teatro fue abriendo sus puertas y una buena parte de los “profesionales de las artes escénicas” tuvimos oportunidades insospechadas hasta ese momento.

Hoy es el día en el que el Teatro Gayarre aparece continuamente en la prensa, no por su trascendencia en el arte y la creatividad de la ciudad, tampoco por su programación o por su producción, ni siquiera porque se esté reformando. Aparece en la prensa por que los políticos que rigen la “Fundación” no se ponen de acuerdo sobre quien debe gestionarlo. Y lo que no deja de sorprenderme, a fuerza de observarlo continuamente, es que ningún político habla de contenidos. Unos quieren que sea este, otros que sea aquel, el alcalde directamente que el suyo o ninguno, pero los contenidos nunca aparecen por ningún lado.

Nadie hace una reflexión seria de la trayectoria del teatro en los últimos años, su incidencia en las artes escénicas navarras. En qué dirección se quiere caminar en un proceso de crisis como el actual y no me refiero a la económica solamente, sino a la crisis artística y creativa también. ¿Dónde están los artistas? ¿Qué hacen? ¿Qué lugares ocupan? ¿Qué tiempo?.

Llevamos años soportando que los teatros, salones de actos y auditorios, rendidos como todos al mercado, nos ofrezcan programaciones previsibles, de consumo fácil y desechable.

El acento ha sido puesto en el dinero. La antesala de los teatros se llena de una nueva clase de espectadores complacientes con los famosos de la televisión, los éxitos comerciales, con el humor de imitación y sin pretensiones. Los escenarios se abren de par en par a esa estrategia cargada de vacío. Mientras, el compromiso personal, el riesgo, la búsqueda de nuevas formas, de nuevos caminos, de nuevas caras, sobre todo si son cercanas, no han tenido lugar en el firmamento escénico navarro. Quizá nunca han existido. Quizá no se les ha dado la oportunidad de nacer, por lo tanto tampoco han podido proyectarse “fuera” como decía el ínclito Corpas.

En el teatro todo es prescindible menos el actor y la actriz, menos el público. Ahí es donde, creo yo, habría que poner el acento.

Señores políticos, ¿Dónde ponen ustedes el acento?.

 

Ángel Sagüés



Web by Film Composer